Despedasarse en el abismo,
desaparecer en el vacio;
ahogar todas tus penas,
descanzar en el olvido.
Levantarse cada día,
en el resoplar de tus recuerdos.
Anhelar con cada suspiro
en el inmenso silencio,
la llegada al alma,
del fénix de fuego.
Despertad de los sueños,
llegad a mis entrañas;
te extraño con envidia,
de escucharte,
y aún no poder conocerte.
Y te espero con ansias,
en el palco de la esperanza.
Pero ni en mis utopías,
te logro alcanzar.
Más no puedo pararme,
tengo mucho para hacer.
Debo prepararte el festín
para cuando llegues -por fin-.
Te daré el mejor regalo
para que nunca te marches de mi lado.
Y envuelto en un papel,
te obsequiaré todo mi ser.