21 febrero, 2010

Sirena









De vuelta a la orilla,
busco tu mirada y no la encuentro.
Intento escuchar tu canto,
pero no hallo ni tu llanto.

Te has perdido entre la neblina,
tumbo los murales que me impidían ver el océano y a ti;
pero solo hay una espesa bruma.



Te encuentras allí, pero lejana...



Puesta sobre una roca, 
a donde subes cada atardecer a regalarme una sonrisa
mientras atrapo por un instante el crepúsculo para contemplar tu rostro, 
hasta que se desvanece en el horizonte...

Eres una criatura de la naturaleza,
y yo un simple impío.
Sin embargo, no me siento impedido,
a soñar junto a ti.

Pero recalcas, que tu abrigo está bajo el yugo de alguien superior a ti.
Que sólo puede existir en tu mundo cristiano.
Puede que no cumpla con tus cánones,
pero si alguna vez llega tu príncipe azul, en un caballo no cristiano, 
no le rechaces, cabalga con él sin olvidar quien eres...

No me ames, pero quita los muros donde un día hubo puertas, 
porque puede que un día te ahogues, 
u olvides que detrás de ello hay mundo maravilloso 
que puedes vivir sin necesidad de ir en contra de lo que eres...

Se despide con cariño tu alma gemela, 
hasta verte nuevamente, hasta que me dirijas la palabra, 
o sencillamente me quieras abrazar...